El tiempo de culto y los niños

Amo el ministerio en el cual el Señor me puso para servirle. El ministerio a la niñez. Le doy gracias por hacerme parte y le pido que me use para Su gloria.

Sin embargo, estoy de acuerdo con que “Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.” (Ecl. 3:1), y que llega un momento en el que debemos dejar partir a los niños para que empiecen a formar parte del culto general.

Cuando yo era niña, en la iglesia a la cual asistía, no había Escuela Bíblica durante el sermón. Teníamos que estar junto a mamá y papá, sentados, sin hablar, respetando ese tiempo tan solemne. Cuando tuve a mi hijo, fuimos guiados por el Señor a otra iglesia, a la cual asisto actualmente, y viví una experiencia que chocaba con mi enseñanza: la “sala cuna”. Mi pequeño tenía 2 años y me animaban a que lo lleve para que esté con otros niños. Pero… ¿por qué? –me preguntaba- Si él es obediente, no molesta. Y con mi esposo, queríamos que él se acostumbre a estar en la reunión y sea parte de todo.

Con los años, yo misma, formé parte de esa Escuela Bíblica de los domingos (aún sigo estando), trabajando con los escolares, entendiendo, que no es entretenerlos para que pasen el rato, o no se aburran o dejen tranquilos a sus padres, sino que ellos, aprendan la Palabra de Dios a su nivel. Pero, retomando lo del principio, eso de: “dejarlos partir”

Considero sumamente importante que los niños, llegado el tiempo de edad escolar, estén en todo el culto con sus padres. ¿Por qué? Porque es un momento precioso en el cual todos unidos, en familia, podemos adorar a Dios escuchando Su Palabra.

Leyendo en el libro de 2 Crónicas 34, sobre el reinado de Josías, me llamó la atención el vv. 30, que dice: “Y subió el rey a la casa de Jehová, y con él todos los varones de Judá, y los moradores de Jerusalén, los sacerdotes, los levitas y todo el pueblo, DESDE EL MAYOR HASTA EL MÁS PEQUEÑO; y leyó a oídos de todos ellos todas las palabras del libro del pacto que había sido hallado en la casa de Jehová.” (Énfasis del escritor) Los Niños, no fueron dejados de lado, por ser niños y porque no iban a entender lo que estaba pasando, sino que TODOS! se reunieron a oír la Palabra de Dios y aunque el relato bíblico no lo dice, me imagino que lo que escucharon en ese momento fue tema de conversación en el camino y en sus hogares. Es más era un mandato que el Señor les había dejado. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón;  y diligentemente las enseñarás a tus hijos, y hablarás de ellas cuando te sientes en tu casa y cuando andes por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes. Deuteronomio 6:6-7.

Me encanta ver a los niños sentados junto a sus padres en el tiempo de exposición de la Palabra de Dios. Verlos cerquita de sus padres compartiendo la lectura de la Biblia o haciendo anotaciones, a su modo, con dibujos incluidos, dando la pauta de que están escuchando y entendiendo, quizás no todo, pero eso nos da pie para seguir hablando con ellos “en todo tiempo y lugar”. Y sabemos que la Palabra de Dios es poderosa para transformar sus vidas.

Los Domingos, día del Señor, día en el cual vamos al culto a adorar a nuestro Dios; que mejor que hacerlo en familia y que nuestros pequeños nos vean como ejemplo y aprendan lo maravilloso de ese tiempo y lo privilegiados que somos en Cristo de poder disfrutar de esa verdadera comunión.

Les comparto este link. Es un artículo del pastor J. Piper que me fue de mucha bendición. ¡Espero lo sea para vos también!

https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/deben-los-ninos-permanecer-en-el-culto-con-los-adultos/

 

 

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Cecilia Koliweska
Cecilia Koliweska
Sirve en el ministerio de la niñez IBM Campana.