La necesidad de un verdadero avivamiento

Mucho se habla de la necesidad de un verdadero avivamiento. Nuevas corrientes surgen en el mundo evangélico, buscando y redefiniendo a su parecer lo que es un avivamiento espiritual. Muchos dicen: Necesitamos ver más “señales y prodigios”, necesitamos ver manifestaciones externas que nos revelen que estamos experimentando un avivamiento espiritual en nuestros días. Necesitamos templos llenos sintiendo adoración, experiencias de adoración. Un nuevo pentecostés en nuestros días, un nuevo despertar del “espíritu”.

Pero, ¿es esto un verdadero avivamiento? ¿Son esas señales y prodigios que la iglesia de Cristo necesita en el siglo XXI, para afirmar que estamos en un verdadero avivamiento? Necesitamos entender bíblicamente lo que es un verdadero avivamiento y dejar de lado lo que nos parece, para sujetar todo a lo que Dios ya ha revelado.

El Dr. S. Lawson define, de una manera sencilla y precisa, el avivamiento como un “restaurar a la vida”. “Denota una renovación, un restaurar a la vida espiritual que se ha enfriado”.

En el libro de Nehemías, en el cap. 8, encontramos uno de los grandes avivamientos espirituales registrados en las Escrituras, un avivamiento genuino, un cambio de corazón que afecta la conducta y que da frutos. Pero este avivamiento tuvo su inicio en Babilonia, lejos de Jerusalén, a unos 1600 km de distancia, en el corazón de un hombre que supo inclinar su vida, sujetar su vida al Señor y su Palabra. Ese hombre fue Esdras.

En su libro leemos:

Esdras 7: 6 -9 “Este Esdras subió de Babilonia, y era escriba experto en la ley de Moisés, que el SEÑOR, Dios de Israel, había dado; y el rey le concedió todo lo que pedía porque la mano del SEÑOR su Dios estaba sobre él”. También algunos de los hijos de Israel y de los sacerdotes, levitas, cantores, porteros y sirvientes del templo subieron a Jerusalén en el año séptimo del rey Artajerjes. Y él llegó a Jerusalén en el quinto mes; era el año séptimo del rey. Porque el primer día del mes primero comenzó a subir de Babilonia; y el primer día del mes quinto llegó a Jerusalén, pues la mano bondadosa de su Dios estaba sobre él.

Encontramos a este hombre, un escriba experto, un hombre de Dios y ¿Cómo sabemos eso? Porque la mano del Señor estaba con él. La mano bondadosa y soberana del Señor estaba con Esdras (7:6, 9, 28 /8:18, 22, 31). Es una frase que se repite en estos 2 capítulos, donde Dios mismo aprueba y acompaña a Esdras en su viaje y misión. Pero ¿por qué la mano de Dios estaba con él? En el verso 10 nos da la respuesta.  

10 Ya que Esdras había dedicado su corazón a estudiar la ley del SEÑOR, y a practicarla, y a enseñar sus estatutos y ordenanzas en Israel.

Dios honra a los que le honran (1S. 2:30). Un hombre humilde, valiente, temeroso de Dios, dispuesto a disciplinarse para estudiar las Escrituras, puso todo su esfuerzo, su corazón, su mente, lo más profundo de su ser para estudiar la ley del Señor, practicarla, vivirla, obedecerla y enseñarla a otros. Dios orquestó cada aspecto de la vida de Esdras, para que tuviera acceso a documentos de estado, dados por el rey medo persa según él los requería (v.6b). Un corazón que se dispuso a escudriñar las Escrituras, temiendo a Dios ante que a los hombres.  

Esdras era como el hombre justo y bienaventurado del Salmo 1, que se deleita en la ley del Señor y medita en ella de día y de noche. Este sacerdote y escriba fue un árbol frondoso que Dios levantó y dio su fruto a su tiempo, donde toda la nación iba ser bendecida y prosperada por su obediencia. Por medio de este hombre, Dios comienzo un genuino avivamiento, ya que él y el pueblo se humillaron bajo la Poderosa mano del Señor, bajo el Poder de las Escrituras. (1P. 5:6) Muchos desean un verdadero avivamiento dejando la Palabra de Dios a un lado, pero el genuino avivamiento, la verdadera reforma del corazón emana de la Palabra de Dios. El Espíritu Santo nos ilumina para comprender su Verdad y nos capacita para obedecerla. (Jn. 16 y 17)

Un real y genuino avivamiento ocurre cuento el pueblo de Dios toma con seriedad la Palabra del Señor, la estudia y obedece sin importar el costo a pagar. Hay un sometimiento a la autoridad del Señor, y si Él lo dice, le obedezco. La Palabra de Dios es nuevamente entronada y colocada en el centro del pueblo. Así fue como llegó en el tiempo indicado el avivamiento a todo el pueblo, cuando Esdras llegó a Jerusalén y en el relato de Nehemías 8:5-6 leemos: “Y abrió Esdras el libro a la vista de todo el pueblo, pues él estaba más alto que todo el pueblo; y cuando lo abrió, todo el pueblo se puso en pie. Entonces Esdras bendijo al SEÑOR, el gran Dios. Y todo el pueblo respondió: ¡Amén, Amén!, mientras alzaban las manos; después se postraron y adoraron al SEÑOR rostro en tierra

Vemos como el avivamiento llega a todos, grandes y pequeños escuchando y entendiendo la Palabra de Dios. Dios es glorificado y el pueblo santificado. Cuando la Palabra es predicada con fidelidad vemos al Señor a través de su Palabra y comenzamos a vivir bajo su temor reverente. (Neh. 8:8 al 12) Como dijo un comentarista sobre la predicación de Esdras.

“Esa es la predicación que honra a Dios: comienza con un texto de las Escrituras, se queda con el texto de las Escrituras, se mueve consecutivamente a lo largo de un texto de las Escrituras, dice lo que Dios dice, promete lo que Dios promete, advierte lo que Dios advierte, ofrece lo que Dios ofrece, va a donde el texto va y dice todo lo que Dios dice en el texto de las Escrituras”.

Es ahí donde comenzamos a tener un entendimiento profundo de la Persona y Carácter de Dios, queda de manifiesto su Santidad, como así también queda manifiesto nuestro pecado. Hay confesión de pecado, hay un arrepentimiento real, nos apartamos del pecado, somos restaurados y ahora vivimos para su gloria. Las lágrimas por el pecado son reemplazadas por lágrimas de gozo al ser limpiados, perdonados, restaurados. Ellos confiesan y se apartan del pecado. El pueblo tiembla ante la Palabra del Señor y Dios bendice a su pueblo.

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Ernesto Harris
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Ernesto B. Harris Pastor IBM Campana