El día que nadie Gritó

Cada uno de nosotros al disponernos a leer algún pasaje de las Escrituras, inevitablemente quedamos impactados con alguna de las historias allí narradas. Podemos sentir asombro al ver a Dios creando todo el universo con solo expresarlo, podemos sentir valentía al ver a David enfrentando a Goliat, podemos sentir tristeza al ver a Pedro negando a Jesús y podemos sentir esperanza al ver a Juan describiendo los cielos nuevos y la tierra nueva. Pero particularmente como padre quedé cautivado con la historia narrada en Génesis 22.

Allí encontramos la historia de Abraham un hombre anciano que, junto a su esposa Sara, habían recibido en su vejez el cumplimiento de la promesa de un único hijo. Este hijo al que tanto amaba Abraham, había sido pedido por Dios para ser sacrificado en el altar del holocausto. (Desangrado y quemado completamente para la gloria de Dios).

Y Dios le ordenó, Toma a tu hijo el único que tienes y al que tanto amas, y ve a la región de Moria. Una vez allí, ofrécelo como holocausto en el monte que yo te indicare. Abraham se levantó de madrugada y ensillo su asno. También corto leña para el holocausto y junto con dos de sus criados y su hijo Isaac, se encamino hacia el lugar que Dios le había indicado.

Entonces les dijo a sus criados: quédense aquí con el asno. El muchacho y yo seguiremos adelante para adorar a Dios, y luego regresaremos junto a ustedes. Abraham tomó la leña del holocausto y la puso sobre Isaac, su hijo, El por su parte cargo con el fuego y el cuchillo. Y los dos siguieron caminando juntos.

Isaac le dijo a Abraham: Padre. – Dime hijo mío – aquí tenemos el fuego y la leña- continuo Isaac, pero ¿dónde está el Cordero para el holocausto? el Cordero Hijo mío, Lo proveerá Dios, le respondió Abraham. Y siguieron caminando juntos,Cuando llegaron al lugar señalado por Dios, Abraham construyo un altar y preparo la leña Después ato a su hijo Isaac y lo puso sobre el altar encima de la leña.

Entonces tomo el cuchillo para sacrificar a su hijo. Abraham obedeció completamente, estaba dispuesto a cumplir lo que Dios le había pedido. Pero en ese momento el ángel del Señor le grito desde el cielo: ¡Abraham! ¡Abraham!

Aquí estoy respondió.

No pongas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas ningún daño le dijo el ángel ahora sé que temes a Dios porque ni siquiera te has negado a darme a tu único hijo, creo que todos nosotros al ver el desarrollo de esta historia, podemos sentir nuestros corazones palpitando para que alguien detenga la escena. Como si se tratara de una película de suspenso.

Hay una historia que, salvando las distancias, tiene un desarrollo similar. Vemos una realidad, la cual demanda el sacrificio de un hijo único, amado, que es propuesto en sacrificio. Y allí lo vemos a Jesús, engendrado por el espíritu Santo en el vientre de María, Naciendo en las condiciones más frágiles en que se puede traer a un niño a la vida, creciendo, aprendiendo las escrituras, y llegando a sus 12 años con un propósito muy claro ya marcado, “en los negocios de mi padre debo estar”. Lo vemos saliendo al ministerio público a sus treinta años y la biblia narra su andar en que anduvo haciendo bienes.

 

Llegó un día en la historia de la humanidad en que ese Hijo amado fue caminando, como Isaac (pero sin pecado) al altar del sacrificio. (Isaías 53:7)

Las maderas estaban preparadas para contener su cuerpo, el fuego puede divisarse en el corazón de aquellos cuyo pecado había quedado manifiesto por las palabras de éste. El cuchillo estaba empuñado en manos de Su Padre. Solo faltaba que en el momento en que esa espada fuera levantada, alguien irrumpiera el silencio y detuviera la mano preparada para atravesar el cuerpo de su amado hijo. Pero nada se oyó, nadie gritó, y la espada de justicia cayó sobre Cristo, para que cada uno que en arrepentimiento y fe se acerque a Él sea lavado con esa sangre preciosa, recibiendo el perdón de sus pecados y vida eterna. (Isaías 53:10)

Lejos de ser una narración que pretenda conmover al lector, esta es una muestra más de su infinito amor y poder. Amor que entrega a su hijo a morir por alguien que no lo merece, pero poder que manda a todos a que se arrepientan.  (Hechos 17:30). Su mano de amor está extendida hoy pero también su palabra sigue diciendo que el que rehúsa creer ya ha sido condenado.  (Juan 3:18)

Mi amigo lector, evalúa tu condición y ve si alguien más ha hecho algo tan grande por ti y por tu pecado y ven a Cristo en arrepentimiento y fe.

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Sebastian Alessi
Sebastian Alessi
Es Diácono en la iglesia IBM Campana. Lidera el ministerio de sonido y multimedia. Coordina el ministerio de redes sociales. Está casado con Eliana y es papá de Nahiara