¡Felices pascuas!

¿Qué significa esa frase que tanto mencionamos en esta fecha? Hoy por hoy escuchamos  de la pascua lo que el mundo nos ha enseñado que es una tradición a celebrarla, algunos no comen carnes rojas, otros regalan huevos de chocolate, otros se dibujan una cruz con cenizas en la frente y algunos rituales mas.

Pero qué dice la biblia con respecto a la pascua, esta palabra significa pasar por alto en  Éxodo 12  leyendo el contexto bíblico Jehová hablando a Moisés dándole indicaciones sobre la preparación   para la pascua dentro de éstas menciona detalladamente la elección y preparación de un Cordero  el cual debía ser sin defecto de un año y tenía que estar apartado de los demás con su muerte  sería  pasado por alto el pecado de la familia.

Charles Spurgeon el príncipe de los predicadores  realiza una analogía entre la obra hecha a través de este cordero en el AT que apuntaba a la maravillosa obra salvífica de Cristo, de la siguiente manera:

“…Este acontecimiento fue un acto de salvación por sangre. Ustedes saben cómo los ancianos y jefes de familias,  tomaban un cordero y lo encerraban para examinarlo cuidadosamente. Habiendo escogido un cordero sin defecto, en la plenitud de su vida, lo mantenían aislado como una criatura separada y apartada, y después de cuatro días, lo sacrificaban y recogían su sangre en un lebrillo. Después de haber hecho esto, tomaban un hisopo y lo mojaban en la sangre, y con él rociaban el dintel y los dos postes de sus casas. Mediante esto, las casas de Israel fueron preservadas en aquella oscura y terrible noche, cuando el ángel vengador recorrió presuroso con la espada desenvainada cada calle del dominio del Faraón e hirió a los primogénitos de toda la tierra, tanto de hombres como de animales. 
En el tipo descrito por Moisés, tenemos ante nosotros el modo de nuestra liberación. Él ángel no podía ser reprimido, su ala no podía ser atada, y su espada no podía ser envainada: debía seguir adelante y debía herir. Tenía que herirnos a nosotros junto a todos los demás, y no podía haber ninguna parcialidad: “El alma que pecare, esa morirá.” 

Pero, ¿recuerdan cuando descubrieron el nuevo procedimiento de Dios, Su bendita ordenanza mediante la cual, sin abrogar la ley destructora, Él introdujo una gloriosa cláusula salvadora por medio de la cual fuimos liberados? La cláusula era esta: que si alguien más pudiese ser encontrado que pudiera y quisiera sufrir en lugar nuestro, y si pudiese haber una clara evidencia de que esa fianza sufriría de esta manera, entonces la contemplación de esa evidencia sería suficiente para nuestra liberación.  ¿Recuerdan el gozo que experimentaron ante tal descubrimiento? Pues, si así fuese, podrían compartir los sentimientos de los israelitas cuando entendieron que Dios aceptaría un cordero sin defecto en lugar de sus primogénitos; y si la sangre era expuesta sobre los postes como la clara evidencia de que un sacrificio había sido inmolado, y un sustituto había sufrido, entonces el ángel sabría que en esa casa Su obra había sido hecha, y, por tanto, podía pasar por alto esa habitación. El vengador exigía una vida, pero la vida ya estaba pagada, pues había una marca de sangre que así lo demostraba, y el exactor podía proseguir su camino

Era la noche de la pascua de Dios, no por causa de que la ejecución de la venganza hubiere sido dejada sin ejecución en las casas pasadas por alto, sino por la razón opuesta: porque en esos hogares el golpe mortal ya había sido propinado, y la víctima había muerto, y, como el castigo no podía ser exigido dos veces, esa familia quedaba en libertad. La mejor salvaguardia para la casa del israelita era esta: la venganza ya había golpeado allí y no podía golpear de nuevo. Allí estaba la marca del seguro, el reguero de sangre; la muerte había estado allí, y aunque hubiese caído sobre un cordero indefenso, había correspondido a una víctima seleccionada por el propio Dios, y en su estimación había caído sobre Cristo, el Cordero inmolado desde antes de la fundación del mundo. Debido a que las exigencias de la retribución habían sido plenamente cumplidas, ya no había ninguna exigencia adicional, e Israel estaba seguro.

El día que descubrí que el juicio había pasado por encima de mí por la persona de mi Señor, y que por tanto no hay ahora condenación para mí, fue el principio de mi vida. La ley exige la muerte: “El alma que pecare, esa morirá.” He aquí, es la muerte lo que pide, y más. Cristo, mi Señor, ha muerto, murió en el lugar que me correspondía, según está escrito, “Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero.” Tal sacrificio es más de lo que incluso la ley más rigurosa podría demandar. “Nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros.” “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición.” Por tanto descansamos seguramente detrás de las puertas y no necesitamos de ninguna guardia en el exterior para alejar al destructor; pues, cuando Dios ve la sangre de Jesús pasará por alto sobre nosotros. “En sus días será salvo Judá, e Israel habitará confiado; y este será su nombre con el cual le llamarán: JEHOVÁ, JUSTICIA NUESTRA.” (Jeremías 23: 6).


Reitero que, cuando vi que Jesús murió en mi lugar, fue el comienzo de mi vida. Contemplé el primer espectáculo que era digno de contemplarse, y todo lo demás se tornó casi como tinieblas y algo así como la sombra de muerte. Entonces mi alma se regocijó cuando entendí y acepté el sacrificio sustitutivo del Redentor designado. Esta es la primera enseñanza de este evento: la sangre rociada salvó a Israel. 


También esa noche, ellos recibieron refrigerio del cordero. Habiendo sido salvados por su sangre, los hogares de los creyentes se sentaron a la mesa y se alimentaron del cordero. Nunca habían comido como comieron aquella noche. Aquellos que entendieron el símbolo espiritualmente deben haber participado de cada bocado con un sobrecogimiento inescrutable mezclado con un deleite insondable. Estoy seguro de que debe haber habido una singular gravedad alrededor de la mesa mientras comían presurosamente; y, especialmente, si cada vez y cuando se veían sobresaltados por los alaridos que se elevaban de cada casa en la tierra de Egipto, por causa de los heridos por el Señor. Era una fiesta solemne, una comida rociada de esperanza y misterio. Observen que el refrigerio que Israel comió aquella noche fue el Cordero “asado al fuego”. El mejor refrigerio para un corazón atribulado es el sufriente Salvador: el Cordero asado al fuego. Un pobre pecador bajo un sentido de pecado asiste a un lugar de adoración y oye que Cristo es predicado como un ejemplo. Esto podría ser útil para el santo, pero es escasamente una ayuda para el pobre pecador, porque clama: “eso es cierto; pero más bien me condena, en vez de consolarme.” No es un alimento para él: él necesita el cordero asado al fuego, Cristo su sustituto, Cristo sufriendo en el lugar suyo y en la posición suya. Has escuchado muchas cosas acerca de la belleza del carácter moral de Cristo, y en verdad nuestro bendito Señor merece ser excelsamente exaltado sobre esa base; pero ese no es el aspecto bajo el cual Él sea alimento para un alma consciente de pecado.  Para un pecador penitente, la principal apetencia relacionada con nuestro Señor es que Él haya cargado con el pecado, y todas Sus agonías vinculadas con esa función.”

Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros. (1 Co. 5:7) RVR

Esta es la gran verdad de la pascua hemos sido separados del pecado por la obra perfecta del cordero inmolado que es nuestro Señor Jesucristo. Como creyentes debemos celebrar en todo tiempo la fiesta de la nueva pascua que es Jesús mismo.

 

 

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Abigail Gonzalez
Abigail Gonzalez
Sirve en el ministerio de la web y como secretaria de la Iglesia. Está casada y tiene un hijo. El Señor la salvo a los 30 años, luego de vivir toda una vida de confusión buscando respuestas a la vida en diferentes lugares y religiones.